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Ensaio
LA VOZ SIN AMO
Por Sara Pagnini (Florencia, Italia)

 

Una espectacularización paroxista, impúdica, desvergonzada y un puro comercio de la palabra, privada de su contenido y significado más íntimos y profundos, parecen ser las características más evidentes de la decadencia de la cultura occidental. Desde una premisa tan caótica y hostil se vuelve cada vez más lícito preguntarse si, y de qué manera, puede hoy la poesía cumplir eficazmente su función. Pese a estar bordeando el límite, quizás no sea demasiado tarde para plantearse semejante cuestión y esto, para Rodolfo Alonso, es un interrogante que no puede y no quiere evitar de enfrentar, ya que la poesía ha sido desde siempre el centro de su existencia. En los años ’50 fue protagonista, junto con otras extraordinarias personalidades, de aquella increíble experiencia que fue “Poesía Buenos Aires”, la legendaria revista de poesía vanguardista y, además de su propia producción poética, se dedicó a traducir la poesía de los grandes autores como Giuseppe Ungaretti, Cesare Pavese, los modernistas brasileños, los simbolistas franceses y Fernando Pessoa.

En La voz sin amo (Alción, Córdoba, 2006) Rodolfo Alonso se adentra en un recorrido de memorias, reflexiones, existencias y poesía. Un recorrido el suyo, que nos hace encontrar con sugestiones y peculiaridades distintas, con aquella poesía verdadera e imprescindible cuyos autores supieron expresar y hacer inmortal. Es también el camino que comprende sus primeros hallazgos poéticos como, por ejemplo, aquél con Cesar Vallejo que por primera vez habría de hacerlo reflexionar sobre su condición y pertenencia latinoamericana. No se trata de meros ensayos críticos sino más parecen ser el fruto sincero y apasionado de una necesidad, la necesidad de dar a conocer estas voces únicas que tanto significaron en su obra y en su vida.

Así nos habla de sus amados franceses como Arthur Rimbaud, «violento y deslumbrante cometa», o de Saint-Pol-Roux, el casi olvidado poeta del Magnificismo, de Stéphane Mallarmé y su Correspondance, de Baudelaire y su sueño. Todos pueden ser considerados como ejemplos de una entrega total: no hay separación ninguna entre la vida y la poesía. Alonso describe el lenguaje de Rimbaud como «específicamente poético y deslumbradoramente humano», en un destino que fue reglado exclusivamente por la fuerza de la poesía y, siguiendo este mismo concepto, nos acerca a otra gran personalidad cual fue Macedonio Fernández y a su «mirada filosófica que se arraiga con la vida, que es a la vez idealista y concreta». De esta misma forma, nos habla también de los grandes de la poesía argentina, como de hecho fueron Alfonsina Storni, «autora de una poesía íntimamente relacionada con las dificultades de su acontecer y espíritu», y Baldomero Fernández Moreno.

Vida y poesía: un vínculo indisoluble, cuyo nudo constitutivo es el lenguaje. Un lenguaje, que según el mismo Alonso, es algo orgánico, un cuerpo vivo y palpitante, el humus fecundo de la misma condición humana: «el lenguaje es una riqueza específicamente humana. Es más, el lenguaje nos hace hombres, somos hombres porque somos lenguaje. Y nuestra lengua constituye irremisiblemente el umbral mismo de la condición humana, de la hominidad». Lograr esta lengua viva, esta perfecta oscilación entre sonido y sentido como alguna vez dijo Paul Valéry (y como al mismo Alonso le gusta recordar), no es empresa fácil en el proceso creativo y de traducción poética. Este parece ser el desafío principal y en La voz sin amo Alonso no teme hacernos partícipes de sus reflexiones con respecto a las dificultades implícitas que el lenguaje poético implica, al contrario, esto parece ser el estímulo para enfrentar la cuestión más importante: ¿para qué sirve hoy la poesía?
A pesar de todo, hoy la poesía sigue teniendo esta sensibilidad capaz de abrir los ojos al mundo, quizás esta necesidad se volvió más urgente como posible remedio a este proceso (auto)destructivo que está corroyendo nuestra cultura, lo que realmente falta es una “disciplina del silencio”, una voluntad real de escuchar y prestar atención. Rodolfo Alonso, entonces, nos indica un camino alternativo, planteando la idea de una ecología del espíritu ya que, si de alguna forma se han comprendido los resultados deletéreos del obsceno ensañamiento sobre nuestro planeta por los actos inconscientes de nuestra sociedad actual, él teme que todavía no se haya logrado percibir de la misma manera los daños psíquicos y culturales que este mismo proceso ha creado en nuestra condición humana. Por esa misma razón «sería necesaria también una lucha ecológica a favor de la condición humana, de la calidad humana de la vida humana. Hay un agujero de ozono pero también un abismo (si es que no un cáncer) en el espíritu».

Los recuerdos y las reflexiones sobre la poesía y sobre las existencias de los que viven y vivieron para la poesía, que Rodolfo Alonso nos brinda en esta obra, son indudablemente un claro ejemplo de como la poesía siga teniendo mucho que decirnos. Tratemos, entonces, de apagar el ruido y prestar atención de vez en cuando, para que la poesía pueda regalarnos su (todavía) precioso mensaje.

 

“La voz sin amo”, de Rodolfo Alonso
(Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2006)



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Ernesto Diniz é estudante de Letras na UFBA, webdesigner, diretor de arte, fotógrafo amador, escritor amador, humano amador e amante.


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